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Lo belleza contra lo violento

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Lo belleza contra lo violento
Juan Hernando Ramírez. Lo esencial: hay tres elementos que han transversalizado mi vida, y creo, son los pilares fundamentales de la trasformación que clama la sociedad: la filosofía, el arte y la literatura. Lo accidental: Licenciado en Filosofía y, ante todo, un soñador despierto.

Lo bello: aquel ente apreciable a través de los sentidos para recibir placer espiritual. Lo violento: todo uso de la agresiva fuerza para alcanzar un objetivo. ¿Cómo enfrentar lo primero a lo segundo para ganar la lucha? O, dicho de otro modo, ¿podría la belleza vencer la nefasta violencia?

Por aquellos momentos en que atiendo a la esperanza y a la posibilidad de concebir un mundo distinto, albergo dentro de mí un profundo silencio y respondo que sí, que tal vez el arte no es solo una de las tantas maneras de lograr la paz sino que, de cierta forma, es el lugar donde se puede conseguir más efectivamente.

Recuerdo, por ejemplo, al pianista James Rhoades, quien a la edad de seis años empezó a ser abusado sexualmente en el colegio, pero la música -Bach más exactamente- acabó por salvarle la vida. Pienso también en un gran profesor que tuve en la universidad y que ocasionalmente recordaba la forma en que Julio Verne dotó de sentido su existencia, pues gracias al él nació en su corazón el amor por los libros.

Y es que podría decir también -sin temor a equivocarme- que le belleza, como aquel valor en sí que se expresa de tantas formas, no es solo un universal que otorga placer sino que brinda una sanación espiritual como sucede también en el teatro, donde se deja fluir todo nuestro cuerpo mal llamado “carne pecadora”; allí logra sanarse el alma mediante la exploración de lo que somos.

La violencia, al contrario, confiere al individuo un estado de intranquilidad y perturbación que afecta a quien la recibe y a quien la ejerce. Porque, ¿qué puede haber peor que aquello que transgrede la libertad y nos convierte en rivales del mundo y de nosotros mismos? Tal vez acordemos que no hay nada más vil. Sin embargo, lo paradójico es que dentro de la historia de la humanidad ha predominado más lo violento que lo bello; la guerra ha sido, tristemente, el motor que ha movido y configurado el mundo.

¿Vale entonces la pena luchar una batalla en la que es más alta la posibilidad del fracaso? ¿Para qué seguir resistiendo a una realidad que aparentemente no deja otra opción que adaptarnos a lo que hay? A esto respondo: sí, vale la pena luchar, aunque sea más fácil responder que no, pues las estadísticas muestran cómo crecen a diario los índices de violencia física y psicológica. Pero lo hago, porque aunque no piense que el mundo pueda coronarse como un espacio donde predomine lo bello, sí creo que el arte, así como a ido cambiando poco a poco la vida de los seres humanos (por ejemplo, en algunas comunas de Medellín, donde las habilidades de los habitantes ha ido mudando las armas por la cultura), puede seguir mejorando la existencia cada día.

Uno no lucha necesariamente porque considere que va a ganar, sino que lo hace porque, aun sabiendo que sus esfuerzos podrán ser derrumbados, se hace imposible aceptar de forma pasiva este mundo violento que nosotros los mortales estamos habitando.

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Las ideas y opiniones aquí expresadas son responsabilidad de sus autores y no reflejan los puntos de vista de mioriente.com

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