El camino del fin del mundo

Galicia es una postal

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Galicia es una postal

Galicia huele a vaca. Pero el golpe de vista que ofrece es el de una postal.

Cada nuevo bosque evoca a esos viejos afiches que los paisas solían colgar en las paredes de sus casas. Los verdes son intensos, en cada casa un cubículo de adobe de unos tres metros de largo por uno y medio de alto guarda el maíz mientras madura a salvo de los cuervos que merodean.

Perdices, tordos, gorriones, hacen una polifonía de trinos indiferentes al desfile, prácticamente incesante, de los invasores de plástico que somos los peregrinos.

Altísimos bosques de eucalipto australiano franquean el paso, y encinas centenarias van saludando al viajero. Galicia es una postal.

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